lunes, 12 de enero de 2009

COLONIA DE CIGÜEÑAS DE LAS SEGURAS


Esta colonia se encuentra en un encinar, en la finca privada del mismo nombre, en el punto kilométrico 11,6 de la carretera Ex-100 de Cáceres a Badajoz.
La cigüeña blanca (Ciconia ciconia) puede ser considerada el ave más emblemática de Cáceres. Nuestra provincia alberga algo más de 7.000 parejas (según censo de SEO/Birdlife), lo que representa el primer puesto en la clasificación nacional. Badajoz, con algo más de 4.000 parejas, ocupa el segundo puesto.


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El comportamiento de las cigüeñas, típicas aves migradoras, ha sufrido un cambio brusco en los últimos años, desde 1980, por lo menos en una parte importante de la población peninsular. Las que emigran, unas vuelven a África y otras lo hacen a sitios más cercanos como Andalucía o Gibraltar. Pero una parte de ellas ya no emigran, se quedan con nosotros durante todo el año, porque encuentran comida suficiente durante los meses de agosto a enero, aquellos durante los cuales la Naturaleza no se muestra tan generosa con ellas, por lo que tienen que marcharse a África.


Durante ese periodo, las cigüeñas van a encontrar alimento, casi exclusivamente, en los basureros de nuestras ciudades, donde, una sociedad derrochadora como la nuestra, tira, diariamente, toneladas de alimentos que son aprovechados, además de las cigüeñas, por una multitud de animales: gaviotas, garcillas bueyeras, milanos, zorros, gran cantidad de roedores. Las cigüeñas pagan un cierto tributo por esta comida tan fácil de obtener, no son infrecuentes los casos de botulismo u otras enfermedades infecciosas por ingerir alimentos que ya están en muy mal estado.
También pueden sufrir, tanto ellas como sus crías, accidentes provocados por plásticos, cuerdas,… que se encuentran, en abundancia, en los estercoleros.
Según SEO/Birdlife, unos 1.400 individuos pasan los inviernos en el entorno de Cáceres, aprovechando la cercanía de vertedero. Cuando llega el invierno, abandonan los nidos y pasan a las dormideras a la espera de meteorología más benigna, volviendo a los nidos de árboles, torres y edificios.
Un gran número de cigüeñas han establecido una colonia en un pequeño encinar existente al borde de la carretera de Cáceres a Badajoz, en la dehesa de Las Seguras, a la altura del Kilómetro 11,6. Dicha colonia es digna de ser visitada, sobre todo durante los meses de reproducción, entre los meses de marzo y junio. Es admirable contemplar el número de nidos presentes y cómo algunas encinas suportan el peso de dos y hasta de tres nidos, con el peligro cierto para su futuro, ya que el aumento progresivo de peso que van adquiriendo dichos nidos, debido al aporte continuo de material por parte de sus inquilinas, amenaza, de manera seria, la integridad de dichas encinas.
Otra colonia digna de mencionar, establecida sobre soportes artificiales, es la que se encuentra en la zona de Los Arenales, a unos 4 km. De la ciudad por la carretera de Malpartida de Cáceres.

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SIERRA DE LA MOSCA


Está formada por un grupo de pequeñas sierras con dirección SE-NW que se encuentran en los alrededores de la ciudad de Cáceres. De forma oval (15 Km. De eje mayor y 7,5 Km. en el menor), destaca como una pequeña elevación sobre la amplia penillanura cacereña.
La presencia de estas sierras se debe a la existencia del denominado “Sinclinal de Cáceres”, una estructura geológica constituida por dos bandas rocosas de cuarcita, muy duras y resistentes a la erosión, que sobresalen sobre los terrenos pizarrosos circundantes. Entre las franjas cuarcíticas existen vallonadas con pequeños arroyos, destacando el valle de Valdeflores por su valor ambiental.


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El conjunto del sinclinal presenta una morfología en “doble casco de barco” del que emergen, de manera intermitente, las dos bandas cuarcíticas mencionadas. Las alineaciones exteriores están formadas por cuarcitas de edad ordovícica que originan los puntos más elevados: Risco de Sierra de Fuentes (664 metros sobre el nivel del mar), Cerro del Milano (644 m.), Segundas Rocas, Señorina (579 m.), Arropé (583) o Romanos (523 m.). Las alineaciones interiores son de edad silúrica, algo menos consistentes que las anteriores, y generan elevaciones más modestas: la Montaña (624 m.), Portanchito (640 m.), la Sierrilla (521 m.)… En el núcleo del sinclinal se encuentran las calizas de edad carbonífera que, en algunos puntos, dan lugar a cerros mucho más modestos y de perfil muy suave como la Alberca (535 m.) y Cabezarrubia o los Pinos (516 m.).
La vegetación, muy afectada por la actividad agro-ganadera, deforestaciones e incendios, está representada casi exclusivamente por el bosque mediterráneo esclerófilo, cuyos componentes presentan una serie de adaptaciones a la fuerte sequía estival. Quedan bosques muy aclarados (encinas, alcornoques y olivos), con gran proliferación de arbustos (madroños, labiérnagos, majuelos, escaramujos, cornicabras, coscoja,…) y matorrales (jaras, brezos, escobas, aulagas, torviscos, romeros, cantuesos,…) adaptados a la insolación. Además existen árboles introducidos y cultivados como piños piñoneros y negral, eucaliptos, castaños y almendros.
Por tratarse de una zona próxima a la ciudad, se encuentra muy alterada y deteriorada por las construcciones y edificaciones mal planificadas, así como por vertidos incontrolados de basuras, deforestaciones e incendios. A esto se añade la presencia de canteras para la extracción de áridos con un considerable impacto ambiental sobre el paisaje y la vegetación.
La Sierra de la Mosca y su entorno constituyen una zona de gran valor ambiental. Por ello, se deberían controlar rigurosamente todas las actuaciones y planificar adecuadamente las urbanizaciones, a la vez que se realicen actividades encaminadas a la recuperación y conservación y mejora de este enclave.


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ESTACIÓN DEPURADORA DE AGUAS RESIDUALES


Se localiza a unos 3 Km. De la ciudad, con acceso por la carretera Ex390 de Cáceres a Torrejón el Rubio, tomando en el Km. 2,5 el cruce bien señalizado a la derecha, frente al yacimiento de “Cáceres el Viejo”.
La Estación Depuradora de Aguas Residuales (E.D.A.R.) entró en funcionamiento en 1993 y está gestionada por el Canal de Isabel II. La instalación recibe, mediante decenas de kilómetros de colectores, las aguas residuales y de evacuación pluviales procedentes de la ciudad que, una vez tratadas y depuradas, son vertidas al río Guadiloba.


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Los procesos depurativos se basan en fangos activados sin reducción de nutrientes con digestión anaerobia y secado en banda. Los fangos son deshidratados, fermentados y secados, produciéndose unas 3.000 tm/año.
Como es lógico, las infraestructuras hidráulicas de saneamiento de las ciudades deben renovarse y desarrollarse de forma paralela al crecimiento urbanístico. Por ello, debido al fuerte desarrollo de Cáceres en los últimos años, se ha procedido recientemente a la revisión y ampliación de las primitivas instalaciones que resultaban insuficientes en los últimos momentos. Actualmente posee una capacidad de depuración de 35.000 m3/día, equivalente a una población de 150.000 habitantes.
Las tareas de ampliación han consistido en incrementar la instalación de desbaste de sólidos mediante la inclusión de un nuevo tamiz rotativo entre los dos ya existentes, y se ha aumentado el proceso de decantación primaria mediante la construcción de un tercer decantador con evacuación de fangos y flotantes, idéntico a los dos anteriores. Así mismo, se ha mejorado sustancialmente el tratamiento biológico de los fangos mediante la instalación de soplantes de aireación, la recirculación de fangos activos y la purga de los fangos biológicos en exceso.
Se admiten visitas (deben solicitarse previamente a la empresa) y la EDAR cuenta con un Centro de Interpretación propio, habilitado en las antiguas dependencias sociales de la planta, que dispone de aula con equipos audiovisuales para realizar pequeñas presentaciones y una serie de paneles explicativos de los procesos depurativos.

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CANTERAS DE ÁRIDOS


Estas canteras se encuentran al sur-sureste de la ciudad, en un radio de unos 9 Km., próximas a las carreteras N-630 y CC-520, desde las que se puede acceder con facilidad. Se necesita permiso para visitarlas.
Todas las ciudades necesitan importar numerosos recursos, tanto materiales como energéticos, para poder subsistir y exportar algunos bienes y servicios.

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La ciudad de Cáceres, como no podía ser menos, también necesita numerosos recursos; entre los más masivos se encuentran los materiales de construcción y dentro de ellos destacan los áridos, de distintas granulometrías, para poder preparar con ellos hormigones para la construcción y firmes para nuestras calles y carreteras. Estos materiales, debido a su bajo precio, deben ser extraídos en zonas muy cercanas, de ahí que en las proximidades de las ciudades existan graveras y canteras con el fin de suministrar estos productos a un precio razonable. El grave impacto ambiental que producen estas instalaciones es el precio que tenemos que pagar por nuestro modelo de desarrollo.
Las canteras que existen en los alrededores de Cáceres exportan dos tipos bien distintos de materiales. Las calizas de edad carbonífera y las cuarcitas de edad ordovícica.
Al primer grupo pertenecen las canteras de Olleta, situada en el Km. 3,5 de la carretera de Miajadas y la de Núñez, situada en el cerro de la Alberca, a la que se accede desde el Km 562,2 de la carretera N-630. Las calizas carboníferas son algo magnesianas, bastante cristalinas y se pueden presentar en estratos de poco espesor o en bancos mucho más gruesos. Contienen restos fósiles de moluscos, corales, crinoides,… pero, debido a la recristalización, suelen ser inclasificables. La cantera de Olleta, al profundizar, ha cortado el nivel freático por lo que parte de la misma se ha inundado, formando una charca de agua de color azul-verdoso típico de los terrenos calizos.
La cantera Elena, situada al este de la carretera N-630, Km. 562, explota un cerro de cuarcitas tableadas que presenta, a veces, intercalaciones de areniscas y pizarras cuarzosas; produce unos áridos de calidad, debido a la mayor dureza de las rocas que se extraen, esto le hace que los costos sean mayores pero queda compensado por la mayor calidad del producto.
En los alrededores de Cáceres existen canteras ya inactivas, como la de Cabezarrubia o Tapia, que también explotaba calizas carboníferas y que en la actualidad se está rellenando con los escombros y derrubios procedentes de las múltiples obras que se realizan en la ciudad.

La otra cantera abandonada es la del Portanchito, sita en el cierro del mismo nombre que, debido a su altura, produce un impacto visual enorme; además, dejaron multitud de escombros repartidos por los alrededores, que hace muy difícil y costosa su recuperación. En el interior de dicha cantera se pueden observar un pequeño filón caolín que destaca por su color blanco. También se pueden observar, en algunos bloques de cuarcita, bellas dendritas de pirolusita, de color negro, y de oligisto, de color rojo.

Las canteras de áridos nos permiten estudiar con detalle las rocas que forman nuestro subsuelo y, en ocasiones, nos han sorprendido con inesperados hallazgos, como el descubrimiento de la Cueva de Maltravieso.
Para aminorar el impacto producido por estas explotaciones se contemplan dos soluciones: rellenarlas, una vez que se han abandonado, y reciclar los escombros producidos para obtener de ellos nuevos áridos, como se está haciendo ya en muchos países europeos.

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LAS MINAS – EL CALERIZO


El Calerizo es una zona amplia, constituida por calizas carboníferas que, con forma más o menos anular, se extiende por el SE de la ciudad. En estas rocas encajan los filones de fosforita de “Las Minas”.
Las minas de fosforita de Aldea Moret están formadas por un conjunto de seis filones (Esmeralda, Abundancia, San Salvador,…) constituidos por fosfatos cálcicos con gran abundancia de sílice, calcita y arcillas. Los filones encajan en las calizas del Carboníefero y presentan espesores y leyes variables. Los fosfatos obtenidos se trataban, en las instalaciones de Aldea Moret, con ácido sulfúrico obtenido a partir de las piritas traídas de Huelva, para convertirlos en abonos superfosfatados.
Se cree que estos yacimientos se han originado por precipitación de fluidos magmáticos hidrotermales ricos en fósforo, en las fracturas de las calizas, dando lugar, tras cristalizar, a los actuales filones.


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Las minas se explotaron en los siglos XIX y XX. La competencia con los fosfatos descubiertos en el norte de África (yacimientos más grandes y con mineral de mejor calidad) hizo que su explotación dejara de ser rentable y determinó su cierre prematuro en 1962, antes de que se agotaran las reservas.

Posteriormente, el agua de sus pozos y galerías (de poca calidad por su contenido en carbonatos) sirvió durante varios años para calmar la sed de los cacereños hasta que se construyó el embalse del Guadiloba.
Se denomina Calerizo a la zona más próxima a la ciudad donde afloran las calizas carboníferas y donde se instalaron, hasta bien entrado el siglo XX, muchos hornos de cal cuya materia prima era precisamente las calizas. Estas calizas se explotaban en diferentes canteras, posteriormente se llevaban a los hornos, muy primitivos, donde con el calor producido con las leñas de encina o alcornoque, el carbonato cálcico se transformaba en óxido de calcio o cal viva, producto que se utilizaba en la construcción y que se exportaba a otras regiones.
La utilización masiva del cemento hizo que fuera decayendo el uso de la cal, al mismo tiempo que se fueron cerrando, poco a poco, los hornos del Calerizo hasta no quedar ninguno en la década de los noventa.
En la actualidad, sobre lo que fue el Calerizo, se han construido barrios muy populosos como el Carneril, los Fratres o Moctezuma, sin que queden restos de lo que fue una floreciente industria cacereña. Hoy sólo restan dos hornos antiguos, sin actividad, a la entrada del barrio Nuevo Cáceres, justo al lado de la Estación de Autobuses.

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CENTRO DE INTERPRETACIÓN DE LA MINERÍA


Se localiza en la barriada de Aldea Moret, al SW de la ciudad, en el cruce de la antigua carretera N-523 a Badajoz con la vía del ferrocarril. Ocupa un edificio de las viejas instalaciones de la Mina La Abundancia, que se ha rehabilitado.
El edificio actual consta de tres plantas en las que puede verse, a través de paneles explicativos, las características técnicas del antiguo edificio, así como distintos aspectos de la minería, tanto generales como regionales y locales.


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En la planta baja se halla el pozo de extracción número 2 y la sala de máquinas, o torno de extracción que tenía como fin sacar los fosfatos del interior hasta la superficie. En diversos paneles se hace un recorrido por la historia de estas Minas, desde la creación, en 1864, de la Fraternidad, con el fin de explotar los fosfatos de la zona, hasta su cierre, en 1960, pasando por las sucesivas crisis y cambios de compañías explotadoras: Segismundo Moret, en 1875, la Sociedad General de Industria y Comercio, ya a principios del siglo XX, y la Unión Española de Explosivos, en 1946. Cada uno de estos cambios de titularidad implica el aporte, por parte de la nueva compañía, de nuevas inversiones, así como de renovadas técnicas de explotación y modernas instalaciones como la máquina de vapor, el ferrocarril, la electricidad, fábricas de superfosfatos, de ácido sulfúrico o de ácido nítrico.
En otros paneles se describe la historia del Poblado de Aldea Moret y la vida de los moradores, es decir de los mineros y de sus mujeres que también trabajaban en las instalaciones mineras. Además se pueden visualizar documentales donde se explican distintos aspectos e la minería, de las fábricas y de las construcciones del poblado.
En el primer piso se encontraba la planta de triturado y escogido a mano del mineral extraído de la mina. Este último trabajo era realizado, en su totalidad, por mujeres. También, en distintos paneles, se puede seguir la historia de la minería en Extremadura, pasado, presente y futuro, así como la descripción de algunas zonas mineras de interés, como las minas de Logrosán y la Mina la Jayona, en Fuente del Arco.
En los paneles se indica que el futuro de la minera extremeña pasa principalmente por el de las rocas ornamentales y las rocas industriales, dejando en un segundo plano la extracción de minerales como el walframio, estaño, litio, tantalio, galio, níquel,…
Por último, en el segundo piso, donde se localizaba el desembarque y el silo del mineral procedente de la mina, podemos ver una historia muy resumida, de la minería y una exposición, excesivamente escasa, de algunos minerales y productos que de ellos se obtienen. También en esta planta existen unos paneles donde se enumeran y describen las distintas infraestructuras, labores y técnicas de explotación mineras.
Se echa mucho en falta una colección de los principales minerales de Extremadura que han sido explotados a lo largo de la historia: casiterita, wolframita, schellita, galena, blenda, oligisto, ambligonita,… También llama la atención la ausencia total de herramientas utilizadas en la minería: lámparas, martillos, picos, cascos, barrenas, vagonetas,… Creo que esta dos colecciones aumentaría la calidad del centro y la curiosidad de los visitantes así como el número de los mismos.

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CHARCA MUSIA


Se halla junto al Polígono Industrial de su mismo nombre y muy próxima a la carretera de Medellín. Fue una charca-abrevadero, como tantas otras ya desaparecidas (Charca de los Mártires, La Bala, El Rodeo, Los Vizcaínos,…) que se localizaban en los alrededores de Cáceres.
La Charca Musia se llamó anteriormente “Charca del Espíritu Santo”. El cambio de nombre obedeció, según el periodista Fernando Morales (“Misterios de Cáceres”, 1995) a que en sus inmediaciones existía un local de alterne o cabaret regentado por el “Tío Musia”. Con ese nombre se denominaban también al Polígono industrial vecino y a las barriadas próximas.


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Por sus inmediaciones pasaría la Vía de la Plata, después de dejar el CIMOV, cruzaría la actual carretera de Medellín para seguir por la Ermita del Espíritu Santo, Ronda de San Francisco,…
El espacio ocupado por la Charca Musia ha sido tradicionalmente sometido a una continua agresión medioambiental, por la cantidad extraordinaria de vertidos líquidos y sólidos depositados junto a ella. En los últimos 35 años ha permanecido en una situación de abandono y de marginalidad, similares a los que ofrecían las antiguas chabolas de la carretera de Medellín y el polígono industrial “Charca Musia”. El polígono hoy todavía sigue siendo ejemplo de desbarajuste del uso del suelo, de falta de planificación y ausencia de las infraestructuras adecuadas.
Los alrededores de la Charca Musia constituían, hasta hace poco, uno más de los espacios más degradados de la periferia cacereña. Ese olvido y el hecho de ser una zona sin urbanizar, hasta fechas muy recientes, influyeron para que el Ayuntamiento cacereño la incluyese en el PLAN URBAN-CALERIZO, junto a otros espacios como La Carca del Marco, Fuente Fría,… A partir de diciembre del 2004 ha sido objeto de un proyecto de intervención para su recuperación integral: limpieza, arbolado, mobiliario urbano, pequeño refugio,…
El Plan posibilitó, a partir de enero de 2005, el vaciado completo de la charca y la limpieza de su entorno. Se reparó y arregló el muro-dique de la Charca, se construyeron modernos saneamientos para impedir verter residuos, y se delimitó su perímetro con un nuevo muro. También se dotó de mobiliario urbano al recinto, así como iluminación con farolas…
Con respecto al uso, se decidió habilitarla para la práctica de la pesca deportiva, repoblándola con tencas. Además, se ha querido convertir el nuevo espacio en una zona verde divulgativa, con un Centro de Interpretación de la Naturaleza, Talleres Medioambientales,… que permitan disponer de un nuevo lugar de ocio y encuentro para los cacereños.
En la actualidad, las zonas próximas a la Charca están siendo objeto de una remodelación urbanística que proyecta la construcción de cientos de viviendas familiares y de apartamentos. Paralelamente, otro de los objetivos del Ayuntamiento cacereño es intervenir definitivamente, en un futuro próximo, en el vecino polígono industrial (Polígono de la Charca Musia), construyendo las infraestructuras necesarias para convertirlo en un moderno polígono, y que de una vez por todas, finalice el estado de abandono y postración al que ha estado sometido desde hace más de 30 años, lo mismo que la Charca Musia.

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